martes, 21 de febrero de 2017

Un telescopio «tan grande como la Tierra» podría conseguir la primera imagen de un agujero negro


Simulación de un agujero negro aparecida en la película «Interestellar» - Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures

Doce antenas tratarán de ver la superficie del agujero negro del centro de la Vía Láctea y comprobar la validez de la Teoría de la Relatividad

Un equipo internacional de astrónomos se está preparando para conseguir la primera imagen de la historia de un agujero negro. El proyecto, que aspira a obtener la fotografía partir de 2018, será fruto de la colaboración entre 12 radiotelescopios de todo el mundo, universidades, agencias, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en inglés) y 100 investigadores de todo el mundo, entre otros. En teoría, el trabajo coordinado de varias antenas receptoras permitirá conseguir el rendimiento de un radiotelescopio tan grande como el planeta Tierra.

Este gigantesco y virtual instrumento recibe el nombre de Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT, en inglés). Está previsto que se ponga en marcha del 5 al 14 de abril, fecha en la que tratará de obtener una imagen de Sagitario A, el agujero negro supermasivo que se encuentra en el centro de la Vía Láctea.
Pasados unos meses, los datos serán cruzados en un superordenador. Entonces se podría obtener la primera reconstrucción del horizonte de sucesos de un agujero negro, esa región que marca el punto de no retorno de estos objetos: por debajo de él, la gravedad del agujero es tan intensa que la luz no puede escapar, pero por encima de esta barrera virtual, sí.

Esto podría tener consecuencias muy importantes. En teoría, poder ver por primera vez el horizonte de sucesos sería una forma de poner a prueba las predicciones de la Relatividad General.

¿Los agujeros negros son invisibles?
Hay que tener en cuenta que los agujeros negros son invisibles, puesto que son tan masivos que son capaces de atrapar la luz. Solo se detecta su presencia cuando algo cae en su interior y emiten potentes oleadas de radiación, o bien cuando deforman el espacio-tiempo y generan un efecto de lente gravitacional. Por eso hasta ahora solo se han podido ver de forma indirecta, y nunca se ha alcanzado su superficie, el horizonte de sucesos

Los investigadores esperan que la imagen que crearán será similar a un anillo rodeando una gran gota negra. Es posible que ese anillo tenga forma de luna, a causa del efecto Doppler. Este se produce porque la materia que forma el disco tiene distintas velocidades en relación con la Tierra y esto distorsiona la forma como se observa. El efecto es parecido (aunque con muchas diferencias) al que pasa con el sonido de la sirena de una ambulancia: este suena distinto en función de la velocidad que lleve el coche, sobre todo dependiendo de si se acerca o se aleja de nosotros.


Simulaciones hechas por el equipo del Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT- NASA/UMass/D.Wang et al., IR: NASA/STScI / Feryel Ozel

Aunque los datos se recogerán en abril de este año, los científicos no esperan obtener el resultado hasta 2018, a causa de la dificultad de procesar toda la información. Entre otras cosas, habrá que poner en común los datos recogidos por muchos telescopios. Se hará a través de una sofisticada técnica (conocida «Very long baseline array interferometry»), gracias a la cual instrumentos separados por continentes enteros se sincronizarán y funcionarán como si fueran una antena gigantesca.

Para que todo salga bien, será necesario que la meteorología acompañe y que toda la tecnología implicada funcione. Entre otras cosas, los científicos tendrán que usar relojes atómicos de precisión extrema y un superordenador para procesar los datos. La complejidad que supone esto explica que el proyecto lleve ya 20 años en marcha.

Foto al agujero negro supermasivo
La recompensa será analizar con detalle el agujero negro supermasivo Sagitario A. Es un cuerpo enorme, que tiene unos 20 millones de kilómetros de ancho (unas 30 veces más que el Sol), pero están tan lejos de la Tierra, a 26.000 años luz de distancia, que en el cielo ocupa una fracción mínima. Además de ser grande, se cree que es muy masivo: él solo acumula 4 millones de masas solares.

Aunque los datos se recogerán en abril de este año, los científicos no esperan obtener el resultado hasta 2018, a causa de la dificultad de procesar toda la información. Entre otras cosas, habrá que poner en común los datos recogidos por muchos telescopios. Se hará a través de una sofisticada técnica (conocida «Very long baseline array interferometry»), gracias a la cual instrumentos separados por continentes enteros se sincronizarán y funcionarán como si fueran una antena gigantesca.

Para que todo salga bien, será necesario que la meteorología acompañe y que toda la tecnología implicada funcione. Entre otras cosas, los científicos tendrán que usar relojes atómicos de precisión extrema y un superordenador para procesar los datos. La complejidad que supone esto explica que el proyecto lleve ya 20 años en marcha.

Foto al agujero negro supermasivo
La recompensa será analizar con detalle el agujero negro supermasivo Sagitario A. Es un cuerpo enorme, que tiene unos 20 millones de kilómetros de ancho (unas 30 veces más que el Sol), pero están tan lejos de la Tierra, a 26.000 años luz de distancia, que en el cielo ocupa una fracción mínima. Además de ser grande, se cree que es muy masivo: él solo acumula 4 millones de masas solares.


Imagen en rayos X de Sagitario A- Observatorio Chandra de Rayos X/NASA

Según los cálculos de los astrónomos, Sagitario A ocupa un espacio tan pequeño como la punta de un alfiler en el cielo estrellado. Se cree que a su alrededor el espacio-tiempo está deformado y que por eso su imagen podría estar amplificada y distorsionada hasta formar una «sombra» de 50 millones de kilómetros. Desde la Tierra, ver esto sería como ver una naranja en la superficie de la Luna, según cálculos de Heino Falke y Fulvio Melia, del Instituto Max Planck de Radio Astronomía y de la Universidad de Arizona, respectivamente.

De hecho, este pequeño tamaño es la principal (pero no única) causa de que hasta ahora no se haya podido obtener una imagen del horizonte de sucesos. En radioastronomía se cumple la regla de que cuanto mayor sea la antena, mayor resolución o magnificación se alcanza. Por eso, la solución pasa este asunto pasar por construir un radiotelescopio virtualmente tan grande como la Tierra, por una parte, y por otra, por buscar el mayor agujero negro posible.

Estos son Sagitario A y el agujero negro supermasivo del centro de la galaxia elíptica M87, que es, de hecho, el segundo objetivo de este proyecto.

Actualmente, se cree que los agujeros negros residen en el corazón de la mayoría de las galaxias y en sistemas binarios (de dos estrellas) que emiten rayos X. Otras veces parecen ser los causantes de los famosos estallidos de rayos gamma.

Sea como sea, estudiarlos es clave para la física y la astronomía: son fundamentales para comprender la evolución de las estrellas, la formación de las galaxias y la naturaleza del espacio-tiempo.

"Sería una forma de poner a prueba las predicciones de la Relatividad General"

FUENTE: ABC.ES

«Reviven» unas raras formas de vida de 60.000 años atrapadas en la cueva de los cristales gigantes de Naica


La cueva de los cristales gigantes de Naica - Archivo

Los microorganismos, nunca vistos hasta ahora, se alimentan de sulfito, manganeso y óxido de cobre

Investigadores de la NASA han descubierto en la enigmática cueva de los cristales gigantes de Naica, en México, unos microorganismos que se alimentan de sulfito, manganeso y óxido de cobre, entre otros productos químicos, y que probablemente son especies nuevas para la ciencia. Al parecer, si los científicos no se equivocan, estos seres siguen activos tras haber pasado 60.000 años «dormidos», atrapados en los cristales. El hallazgo ha sido dado a conocer por Penelope Boston, directora del Instituto de Astrobiología de la NASA, en una conferencia de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) que se ha celebrado este fin de semana en Boston (EE.UU.).

Esta cueva es, sin duda, uno de los lugares más fascinantes del planeta. Ubicada a cientos de metros de profundidad en una mina de plomo y zinc abandonada, en el estado mexicano de Chihuahua, está formada por grandes bloques de yeso que parecen el imaginario planeta de Superman. Los cristales crecen alrededor del grosor de un cabello humano por siglo, una lentísima velocidad que indica que ya han cumplido un millón de años, como señaló en su día un grupo de investigadores españoles del CSIC.

El sistema de grutas, situado encima de una gran bolsa de magma volcánica, es bellísimo y espectacular, pero en realidad un auténtico infierno. Sus altísimas temperaturas, que pueden subir a más de 50ºC, y la humedad, que ronda el 98%, hacen imposible pasar más de unos minutos en su interior sin acabar deshidratado.

En semejante lugar, encontrar vida parece imposible, pero no lo es. Boston dice haber dado con cientos de diferentes microorganismos, en su mayoría bacterias, que quedaron atrapados en estos cristales por períodos que van de 10.000 a 60.000 años. De estos seres, el 90% nunca se había visto antes en la Tierra.

No es la primera vez que aparece vida en Naica. En 2013, otro equipo francés y español informó del hallazgo de vida microbiana en soluciones salinas hidrotermales a unos 700 metros en el interior del sistema. Eran microbios modernos adaptados para operar en un ambiente extremadamente limitado de energía que también se nutrían de sustancias químicas en el subsuelo, y genéticamente distintos de especies microbianas conocidas.

Vida en otros planetas
El hallazgo de la NASA todavía no se ha publicado en una revista científica importante, revisada por pares, debido a que los resultados deben aún confirmarse. No es la primera vez que consiguen revivir antiquísimas bacterias atrapadas en el hielo glacial o en cristales de sal, pero, debido a la antigüedad de la muestra, no debe darse nada por sentado hasta que el descubrimiento se verifique. Si así fuera, se trataría de los microorganismos vivos extremos más antiguos descubiertos hasta la fecha.

Con todo, para los astrobiólogos, supone algo realmente emocionante, ya que no solo es un ejemplo más de hasta dónde puede llegar la vida en la Tierra, sino que plantea la esperanza de descubrir organismos que puedan sobrevivir en ambientes extremos en otros planetas. De igual forma, plantea la preocupación de que las naves que visiten otros mundos -por ejemplo, en los viajes a Marte- sean lo suficientemente estériles para no «contaminarlos» con bacterias terrestres.

FUENTE: ABC.ES

viernes, 17 de febrero de 2017

La historia de Plutón y cómo dejó de ser un planeta


Plutón es el nombre del dios romano del inframundo- NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute

Se cumplen 87 años del descubrimiento del pequeño mundo de las afueras del Sistema Solar. Los últimos hallazgos muestran que es un lugar tan sorprendente como lleno de secretos

Su nombre, idea de una niña de 11 años

A principios de 1930 Clyde Tombaugh estaba inmerso en la que probablemente fuera una de las tareas más tediosas para un astrónomo. Tenía que buscar un nuevo planeta en el Sistema Solar, pero debía hacerlo de una forma bastante artesanal: a ojo. En concreto, tenía que comparar fotografías del cielo nocturno tomadas con varios días de separación para tratar de averiguar si alguno de los puntos luminosos se había movido. Dado que las estrellas están muy lejos, no se mueven con el paso de los días. Pero no pasa lo mismo con los planetas, que están mucho más cerca de la Tierra. Por eso, si un punto luminoso se mueve puede ser un planeta.


El descubridor de Plutón, Clyde Tombaugh- WIKIPEDIA

Después de meses de duro trabajo, el 18 de febrero de 1930 Tombaugh halló el que parecía ser el noveno planeta en el Sistema Solar.

Apenas se sabía nada sobre aquel mundo, pero cuando el Observatorio Lowell (Estados Unidos) anunció el hallazgo, los buzones se llenaron de cartas con las sugerencias para nombrar al nuevo habitante del Sistema Solar.

Se rechazó llamarlo Cronos, Zyxmal o Minerva, entre otras muchas propuestas. Al final ganó la propuesta que hizo una niña británica de 11 años aficionada a la mitología clásica, Venetia Burney, que quiso nombrar al planeta en honor al dios romano del inframundo. Y así nació Plutón. Curiosamente, pocos meses después de aquello Mickey Mouse se hizo amigo del perro Pluto (Plutón en inglés). Y en 1941 un nuevo elemento químico recibió el nombre de plutonio, antes de saltar por los aires con la primera bomba atómica.

Aquel nombre recordaba por una parte que este nuevo mundo era muy lejano y estaba en un lugar tan oscuro y frío como el inframundo. Y por otra, las letras «P» y «L» de Plutón hacían honor a Percival Lowell, un millonario de Boston aficionado a la astronomía que inició la búsqueda de este noveno planeta. Y que, por cierto, fundó el Observatorio Lowell que descubrió Plutón.

El escurridizo noveno planeta
La historia del noveno planeta comenzó en 1905, el año en que Einstein publicó su Teoría de la Relatividad. Por entonces, se había observado una anomalía en la órbita de Urano, que para Lowell podía ser el indicio de que más allá había un planeta enorme que tiraba de él. Así que solo faltaba buscarlo.

Los astrónomos descubrieron un tiempo después que Plutón era en realidad un mísero planeta enano y que no podía ser ese gigantesco noveno cuerpo. Por eso, ya en pleno 2017, los astrónomos siguen buscando al Planeta X, que supuestamente falta por descubrir en el Sistema Solar. Eso sí, ahora no se considera que haga falta este planeta para explicar las anomalías detectadas en Urano.

FUENTE: ABC.ES

Hallan ingredientes esenciales para la vida en el planeta enano Ceres


El planeta enano Ceres - Archivo

Los científicos no descartan que este pequeño mundo pudiera albergar algún tipo de organismo primitivo en el pasado

Ceres, el mayor de los cuerpos del Cinturón de Asteroides, un anillo de rocas de todos los tamaños situado entre Marte y Júpiter, alberga algunos de los ingredientes imprescindibles para la vida. Un grupo internacional de científicos acaba de anunciarlo en la revista «Science», un descubrimiento crucial llevado a cabo a partir de los datos de la sonda Dawn de la NASA, que orbita el planeta enano desde la primavera de 2015. Los investigadores están convencidos de que los compuestos orgánicos se formaron en el interior de ese pequeño mundo, y que no llegaron al mismo por el impacto de asteroides o cometas. El hallazgo abre la posibilidad de que algún tipo de organismo primitivo se desarrollara allí alguna vez y amplía la lista de lugares del Sistema Solar que pudieron albergar vida.

El equipo dirigido por Maria Cristina De Sanctis, del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia, utilizó el espectrómetro cartográfico de luz visible e infrarrojo de la nave espacial para observar la superficie de Ceres cerca de un cráter llamado Ernutet, de 50 km de diámetro y situado en el hemisferio norte del planeta enano. El instrumento detectó una concentración inusualmente alta de materia orgánica, componentes basados en el carbono que podrían ser parte de la química que crea la vida. Aunque los datos no son suficientes para determinar exactamente cuáles son los compuestos moleculares presentes, estos coinciden con minerales similares al alquitrán, como las asfaltitas.

Los científicos creen que la distribución y características de estos elementos hacen poco probable que se depositaran allí por el impacto de una fuente externa, como un cometa o un asteroide. Además, el calor extremo producido por un choque tan brutal habría sido suficiente para destruir esos compuestos. Como Ceres alberga una gran cantidad de agua (incluso sugieren que pudo contener un océano subterráneo y que quizás se mantenga hoy en día bajo ciertas condiciones) y podría haber retenido calor interno de su período de formación, hace 4.500 millones de años, en los albores del Sistema Solar, los científicos creen que los compuestos orgánicos se debieron desarrollar en el interior del cuerpo planetario.

Un señal «muy fuerte»
«La firma que se ha identificado en Ceres es muy fuerte, aunque limitada en extensión, y muy diferente de otras firmas asignadas a orgánicos en otros objetos del Sistema Solar», dice De Sanctis a ABC. Los científicos de Dawn continuarán estudiando el planeta enano para identificar cómo esos materiales pudieron ser transportados desde su interior a la superficie.

Pero el aspecto más intrigante de la investigación es la posibilidad de que Ceres pudiera haber albergado algún tipo de vida en el pasado. «Tiene los ingredientes clave para ello (N, C, H, O) y además una química muy interesante, pero no podemos afirmarlo. Simplemente, no lo sabemos», explica la investigadora.

En un comentario que acompaña al estudio en «Science», Michael Küppers, científico planetario del Centro Europeo de Astronomía Espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Madrid, tampoco descarta que algún tipo de vida primitiva pudiera haberse desarrollado en el planeta enano. De esta forma, Ceres se une a la apasionante lista de lugares del Sistema Solar que pudieron albergar vida. «El más destacado es Marte, pero la situación de Ceres es más similar a la de algunos de los satélites de Júpiter y Saturno, como Europa o Encelado», explica a ABC. «Lo que hace que Ceres sea tan interesante, a mi juicio, es que es más fácil de ser alcanzado por misiones espaciales que los satélites de los planetas gigantes, que están más lejos y en un ambiente con mucha radiación», prosigue. El problema de cómo investigar un océano potencial a varios kilómetros por debajo de la superficie sigue siendo difícil para todos esos objetos, por supuesto, pero «quizás el radar puede ser una solución».

FUENTE: ABC.ES

Zealandia, ¿el continente oculto de la Tierra?


Vídeo: James Cameron viaja a España en busca de la Atlántida - ATLAS

La enorme masa terrestre, formada por Nueva Zelanda y otras islas, está en su mayor parte sumergida

Puede que un continente entero haya pasado desapercibido a nuestros ojos. Un grupo de geólogos asegura que se encuentra sumergido en el suroeste del Océano Pacífico, una amplísima extensión de terreno bajo el agua de la que sobresalen Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y otras islas, y que tiene entidad suficiente para ser considerada una masa continental separada, a la que llaman Zealandia. La propuesta aparece publicada en la revista GSA Today, de la Sociedad Geológica de América.

Zealandia cubre 4,9 millones de km cuadrados, de los cuales el 94% están bajo el agua. El equipo del Instituto de Investigación GNS Science de Nueva Zelanda cree que se trata de una entidad geológica claramente distinta, ya que cumple con todos los criterios aplicados a los otros continentes, como la elevación del terreno por encima de los alrededores, una geología distintiva, un área bien definida y una corteza más gruesa que la que se encuentra en el fondo del océano. Abarca Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, Isla Norfolk y la Isla de Lord Howe.

No es la primera vez que Zealandia se propone como continente. El asunto ha sido objeto de debate desde hace dos décadas, pero los autores del último trabajo están cada vez más convencidos de su existencia.

La razón geológica
Si esta propuesta fuera aceptada por la comunidad científica, Zealandia se convertiría en el séptimo continente según el modelo tradicional que incluye Europa, Asia, América, África, Oceanía y la Antártida. Hay otros modelos que dependen del área cultural: «¿Son América del Norte y América del Sur continentes verdaderamente independientes con su conexión a través del istmo de Panamá? ¿Dónde y por qué se pueden distinguir Europa, África y Asia teniendo en cuenta la Península del Bósforo y del Sinaí?», se preguntan los investigadores. Ellos sugieren una razón geológica para dividir los continentes, de forma que sean grandes áreas identificables que yacen sobre la corteza continental. Este razonamiento es lo que les lleva a pensar que Zealandia también debería tener su propia identidad. Según ellos, uno solo tiene que mirar un mapa barimétrico para apreciar la cuestión.

FUENTE: ABC.ES

Documentos de Gendarmeria del año 1968 (Argentina)



La desclasificación en la Argentina va dando sus frutos con la aparición de documentos de diferentes épocas, producto del trabajo de investigadores argentinos que han logrado a lo largo de sus vidas, ir a fondo con la búsqueda de documentación que diera luz a muchas de las denuncias.

En este caso, gracias a la labor incansable de Roberto Banchs, que en sus innumerable incursiones por diversas provincias argentinas tras el fenómeno, dio con una serie de documentos provenientes de la Gendarmería Nacional.

Los mismos fueron recopilados por un decano investigador cuyano, que siguió de cerca los acontecimientos de las diversas localidades lindantes a la cordillera, que en contacto con patrullas de la mencionada fuerza, no sólo logró expedientes de denuncias, sino a múltiples testimonios de fuentes directas. Por razones particulares no podemos revelar el nombre de ese investigador, pero si la fuente de Gendarmería que en su momento dio la autorización para hacer públicos estos documentos, que salen a la luz por primera vez.

La Revista UFO PRESS (1), Nro 14 del Octubre de 1982 – Año V (pag 5-8), expuso a través de un artículo del investigador Oscar Uriondo, cada uno de los casos en forma muy detallada.

La autorización proviene del Comandante Principal (RE) Rodolfo Draller, quien en su momento estuviera a cargo de los escuadrones de la zona cordillerana de Chos Malal, Provincia de Neuquén.

A continuación compartimos con ustedes muchos de esos documentos:















La Gendarmería nuevamente nos da la posibilidad de acceder a reportes de observaciones, mostrando claramente un registro ordenado, detallado y pormenorizado de las observaciones.

Encontrarán denuncias del año 1968 con fechas, horas y responsables firmantes de esos informes. A continuación un detalle de lo recopilado.

Día de la Observación: 23 de enero 1968 a las 22:30 Hs. / Informe realizado: 6 de febrero / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 30 de enero 1968 a las 17:00 Hs. / Informe realizado: 10 de febrero / Reporte realizado: Sargento 1ro. J. Gómez de la Cruz.

Día de la Observación: 19 de mayo 1968 a las 05:59 Hs. / Informe realizado: 28 de mayo / Reporte realizado: Comandante Principal: R. Dreller.

Día de la Observación: 16 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 19 de julio / Reporte realizado: Alférez N.A. Palacios.

Día de la Observación: 17 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 25 de julio / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 18 de julio 1968 a las 00:15 Hs. / Informe realizado: 25 de julio / Reporte realizado: Comandante Principal: J.B.Farías.

Día de la Observación: 23 de agosto 1968 a las 20:15 Hs. / Informe realizado: 24 de agosto / Reporte realizado: Sargento 1er. Oficial (1) L.M. Elizaincin.

Día de la Observación: 05 de septiembre 1968 a las 03:45 Hs. / Informe realizado: 06 de septiembre / Reporte realizado: J.P.Videla.


Nuestro objetivo es ver si podemos encontrar algún testigo viviente de estas experiencias y poder obtener un reporte directo de las vivencias.

FUENTE: http://www.cefora.com.ar/archivos/178

miércoles, 15 de febrero de 2017

Hallado un ensayo de Winston Churchill sobre la vida extraterrestre


Winston Churchill, en su despacho - Archivo

El exprimer ministro británico razona en un artículo de 1939 sobre la existencia de otros planetas habitables y se pregunta si nuestra civilización es la única en el Universo

Winston Churchill, líder en tiempos de guerra y uno de los políticos más influyentes del siglo XX, era también un apasionado de la ciencia y sentía una profunda curiosidad sobre la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Tal era su interés en la materia que en 1939, cuando Europa estaba al borde de la contienda, el exmandatario británico escribió un ensayo en el que exponía de forma razonable las condiciones necesarias para la vida en otros planetas y expresaba sus dudas de que nuestra errática civilización fuera la única en el Universo. El documento de once páginas fue probablemente escrito para ser publicado en el periódico londinense «News of the World» como una pieza de divulgación popular, pero nunca vio la luz. Después de permanecer décadas conservado en los archivos del US National Churchill Museum en Fulton, Missouri (EE.UU.), ha sido dado a conocer recientemente. Su contenido aparece resumido en la revista «Nature», en un comentario firmado por el astrofísico Mario Livio, autor de «La proporción áurea», quien asegura que el famoso primer ministro «razonaba como un científico».


El ensayo científico sobre vida extraterrestre de Churchill- Mario Livio

Churchill revisó su primer borrador acerca de la vida extraterrestre a finales de los años 50 para reflejar los cambios en el conocimiento y la terminología científica. Por ejemplo, el título pasó de «¿Estamos solos en el espacio?» a «¿Estamos solos en el Universo?». El texto mecanografiado se basa en el Principio de Copérnico que, generalizado, viene a decir que, dada la inmensidad del Universo, es difícil creer que los humanos sobre la Tierra sean algo único. Define la vida como la capacidad de «reproducirse y multiplicarse» y apunta que para su existencia son fundamentales ciertas condiciones, como la presencia de agua. No mucho ha cambiado desde entonces porque, como recuerda Livio, el líquido elemento «todavía hoy guía nuestra búsqueda de vida extraterrestre: en Marte, en las lunas de Saturno, en Júpiter o en planetas extrasolares».

Además, el político define lo que hoy se conoce como zona de habitabilidad, la estrecha región alrededor de un estrella que no es ni tan fría ni tan caliente, en la que puede existir agua líquida sobre la superficie de un planeta rocoso. Escribe que la vida puede sobrevivir en regiones «entre unos pocos grados de congelación y el punto de ebullición del agua», cómo la temperatura de la Tierra es fijada por su distancia al Sol y cómo un planeta puede retener su atmósfera.

Viaje a por el Sistema Solar
Teniendo en cuenta todos esos elementos, Churchill concluía que Marte y Venus eran los únicos sitios del Sistema Solar además de la Tierra que podrían albergar vida. Descarta los planetas exteriores por ser demasiado fríos; a Mercurio, demasiado caliente en la cara iluminada y demasiado frío en la oscura; y a la Luna y los asteroides, por tener una gravedad demasiado débil para atrapar atmósferas.

Pero es que además, Churchill plantea la posibilidad de que otras estrellas tengan a su alrededor planetas, ya que «el Sol es solamente una estrella en nuestra galaxia, la cual contiene miles de millones de ellas». Entonces, dice, es posible que un buen número de planetas extrasolares tengan el tamaño suficiente y estén a la distancia adecuada de su estrella como para albergar agua líquida en su superficie, una idea bastante avanzada para la época. Hay que tener en cuenta que la propuesta de Churchill fue elaborada décadas antes de que se descubriera el primero de los miles de exoplanetas ya conocidos, y años antes de que el astrónomo Frank Drake presentara su ecuación para estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia que podrían emitir señales de radio. Eso sí, el político concluye que es posible que quizás no sepamos nunca si esos mundos «son el hogar de criaturas vivas, e incluso plantas».

Churchill también imaginó la exploración del Sistema Solar de forma casi profética. «Un día, posiblemente en un futuro no muy lejano, será posible viajar a la Luna, o incluso a Venus o Marte», escribió. Por el contrario, reconocía muchas más complicaciones para poder llevar a cabo un viaje interestelar.

El ensayo termina con entusiasmo y muestra que el autor conocía las teorías del astrónomo Edwin Hubble a finales de la década de los 20 y principios de los 30: «Con cientos de miles de nebulosas, cada una de las cuales contiene miles de millones de soles, hay enormes probabilidades de que muchas contengan planetas en los que la vida no sea imposible». Y en un giro algo más sombrío que refleja su convulso tiempo, apunta: «No estoy tan impresionado por el éxito de nuestra civilización como para pensar que seamos el único punto en el inmenso universo que contiene criaturas vivas y pensantes, o que seamos el tipo de desarrollo mental y físico más elevado que haya aparecido jamás en la vasta extensión del espacio y el tiempo». Hoy podría haberse expresado de una manera similar.

Livio recuerda que casi 80 años más tarde, la cuestión que obsesionaba al estadista británico sigue siendo uno de los puntos fundamentales de la investigación científica. Seguimos buscando señales de vida subterránea en Marte, presente o pasada, y las simulaciones del clima de Venus insinúan que una vez pudo ser habitable. Además, confiamos en encontrar en unos años un «gemelo» de la Tierra.

Churchill publicó en revistas y periódicos sobre evolución, células y energía de fusión, leyó a Darwin, apoyó la creación de laboratorios, telescopios y distintas tecnologías, tuvo un consejero científico y se reunía a menudo con las mentes más dotadas de su época, como Bernard Lovell, «padre» de la radioastronomía. Como dice Mario Livio, este enorme entusiasmo por la ciencia y la tecnología resulta «conmovedor» comparado con el desprecio demostrado por «algunos políticos de hoy en día».

FUENTE: ABC.ES